miércoles, 30 de junio de 2010

La última palabra


De:DiegoZelada (zelada_85@hotmail.com)

Enviado: lunes 23 de abril 11: 42 p.m.

Para:ValentinaRodríguez (princesa_vale@hotmail.com)

Buenos días, buenas tardes o buenas noches. No sé en que momento del día leerás lo que te escribo. Para mí el tiempo ha dejado de existir. Ya no sé si es de día o de noche, temprano o tarde; porque el único momento que tengo son los segundos que cuento al no estar sin ti. Los minutos que pasan y no estás a mi lado. Horas tristes sin besar tus labios, sin susurrarte al oído te amo. Sin caminar por el bosque tomados de la mano.

No sé qué horas son, pero sí sé que quiero estar contigo, quiero muchas cosas de ti, pero no las tengo. Quizás yo tengo la culpa, o quizás tú la tengas, quizás los dos la tenemos. No busco culpables, busco soluciones, busco una esperanza. Una luz. Una señal que me aliente a seguir. Una voz que me diga : ella todavía te ama, lucha por ella. Busco y busco, pero solo encuentro tristezas. Desolación. Un espejo donde veo a alguien llorando, donde veo a un hombre llorando como un niño después que le han quitado un dulce. Veo como se lamenta, como si han quitadoalgo muy importante de su vida. El está vivo, pero por dentro está muriendo… caído en el suelo. No hace nada, más que ver hacia abajo y llorar. Me acerco al espejo y cuando lo veo bien, me doy cuenta de que ese hombre soy yo.

Te necesito como necesito aire para vivir. Te necesito ¡Te necesito! Solo dime que quieres estar a mi lado. Dime que sí y seremos felices. Te haré la niña más feliz por que te entregaré mi vida, te entregaré mis sueños, mi tiempo, mi corazón. Mi alma.

De: Valentina Rodríguez (princesa_vale@hotmail.com)

Enviado: viernes 28 de abril 7: 38 a.m.

Para: Diego Zelada (zelada_85@hotmail.com)

Me pareció romántico lo que me escribiste el otro día. Sé que el tiempo ha jugado con nuestras vidas. Nos unió e hizo que desapareciéramos. La distancia, al mantenernos lejos, disfruta de nosotros. Ya va casi mes y medio desde que no tenemos contacto en absoluto.

Sabes, a veces me acuerdo de todos los momentos que convivimos. Las noches del campamento eran excelentes. Las caminatas por el bosque. Noches de hablar tonterías, pero otras eran diferentes. Ahora vivamos nuestras realidades. El tiempo nos separó. Así es la cruda realidad. Hay que vivir con lo que tenemos. Ya no podemos estar juntos.

De: Diego Zelada (zelada_85@hotmail.com)

Enviado: sábado 29 de abril 12:38 a.m.

Para: Valentina Rodríguez (princesa_vale@hotmail.com)

Hoy usted quiere borrar todo lo que paso entre nosotros. No soporto la soledad. Necesito sus abrazos, sus besos. Necesito todo lo que usted me daba. Esas noches eternas pensando en usted. El recuerdo da vueltas en mi cabeza, me vuelve loco. No soporto este sufrimiento. Cúrame. No me dejes ir. Yo no quiero estar sin ti, estoy desesperado como un niño que llora porque lo han castigado.

Regresa a mí, mi amor. Estoy viviendo una vida que está muerta. Camino sin rumbo, delirando, ya no pienso. Solo actúo. Soy capaz de todo. He perdido la cordura, no sé qué escribir, qué pensar.

¿A dónde quedaron esos miles de te amo? ¿Esos besos que me dabas con tanta pasión, adónde quedaron esas cartas a donde me escribías: eres mi vida, te amo”? ¿A dónde quedo todo?

De: Valentina Rodríguez (princesa_vale@hotmail.com)

Enviado: Viernes el 5 de mayo 7:20 a.m.

Para: Diego Zelada (zelada_85@hotmail.com)

Diego, ¿por qué insistes? Ya no puede haber nada entre nosotros. El tiempo nos dio el tiempo para estar juntos, pero ahora ya vivimos diferentes vidas. Conozco otras personas con las que puedo compartir todos los días. Y contigo qué compartiría, si no te veo, no hablamos. En el campamento sucedió eso, porque ó sea, era el campamento. Ahora solo tenemos que vivir nuestras vidas. Olvídate ya de mí.

De: Diego Zelada (zelada_85@hotmail.com)

Enviado: sábado el 6 de mayo 11: 49 p.m.

Para: Valentina Rodríguez (princesa_vale@hotmail.com

No siento, no como, no vivo. Simplemente estoy sentado recordando y llorando. Miro lágrimas recorriendo mi rostro, las miro y deduzco que lloro. Ya no siento. No distingo la realidad de lo imaginario. Te veo acostada en mi cama y me dices: te amo; y cuando intento tocarte, te desvaneces. Huyes de mí, como víctima, del cazador. Soy yo. El tiempo no nos mató, el tiempo nos hizo nada.

Deduzco que el culpable es Dios. Dios tiene la culpa de cómo estoy. Dios es el que tiene la culpa de mis males. Te dije que quería una solución. La he encontrado. Nopienso, solo actuó. Ya no sé si te amo. No lo sé.

Me traicionaste. Me apuñalaste por la espalda, me has herido; aun así, eres la niña de mis ojos, la única persona en el mundo por la que muriera. Cuando leas esto, ya no estaré aquí. Estaré en un lugar donde pueda estar tranquilo, esperando siempre tu regreso. Al terminar este camino, te esperaré entre la vida y la muerte…

TE AMO.

De: Valentina Rodríguez (princesa_vale@hotmail.com)

Enviado: sábado el 6 de mayo 11: 59 p.m.

Para: Diego Zelada (zelada_85@hotmail.com)

Diego, por favor, no insitas. No cometas ninguna locura o ¿acaso quieres suicidarte?

No cometas errores. Diego, te quiero, pero solo quiero ser tu amiga. Lo que paso ya paso. No hay vuelta a la página, hay que continuar con nuestras vidas. No insitas por favor.

De: Valentina Rodríguez (princesa_vale@hotmai.com)

Enviado: domingo 7 de mayo 8: 37 p.m.

Para: Diego Zelada (zelada_85@hotmail.com

¿Por qué no me has escrito, Diego? Siempre contestas rápido y ahora por qué norespondiste.

Diego, contéstame por favor. Conseguí tu número de teléfono, se lo pide a tu guía de campamento. Te marque a tu casa y nadie contesto. Cuando leas este mensaje, responde por favor.

De: Valentina Rodríguez (princesa_vale@hotmail.com)

Enviado: lunes el 8 de mayo 7: 10 a.m.

Para: Diego Zelada (zelada_85@hotmail.com)

¿Por qué lo hiciste, Diego?. ¿Por qué? Tu amor para mí fue espectacular. Yo te quería. Fuiste el hombre que me enseño amar. En estas circunstancias no quería que sufrieras por mí.

Ahora solo me queda tu recuerdo. Las noches largas del campamento fueron las mejores de mi vida. Perdóname por ser dura contigo. Ya es tarde. Lo sé.

Regresa a la vida. Regresa conmigo. Espero algún día estar juntos.

Te quiero.

martes, 29 de junio de 2010

Cristales sin color

Al despertar, estaba asustada. Tenía aruñones en mis brazos. ¿Qué sucedió? Recuerdo que éramos mejores amigas. Desde cuándo. No lo sé, pero pasamos un buen tiempo juntas. Jugábamos en el jardín. Lleno de rosas rojas. Era hermoso. Se miraba hermosa entre ellas. Su carita inocente me traía recuerdos en el instante y se me hacía muy parecida.

Mientras caminábamos, le hablaba de mis cosas. Problemas. A pesar de su edad me entendía. Ella al hablarme me daba un poco de miedo. Entre las pláticas al sentarnos en la grama se puso seria. Como que si la grama hablase para criticarnos. Hacía pausas muy largas cuando hablabas. Tocaba su vestido rojo, como diciendo sin saber de lo que habla. Miraba hacia el cielo, como buscando una salida a lo que pensaba.

Al pasar el tiempo, me llevo hasta tu casa. Una mansión hermosa. Cuando entre me quede boquiabierta. Había cristales por todas partes. Retratos de la carita inocente; colgados en la cocina, el comedor, los pasillos y entre la sala. No había retrato de familia. No quise preguntar. Me mantuve callada. Una mansión sin color, más que el rojo sobresaliente del vestidito inocente y los arreglos de las rosas que se encontraban dentro. Subimos las gradas que se dirigían hasta su cuarto. Polvósas. Sin arreglos. Rechinaban al patearlas. Al llegar, nos paramos justo enfrente de la puerta. Sin color, más que una rosa en medio y la chapa dorada. Al abrirla, los rayos del sol penetraban por los ventanales. Brillaban las rosas, como demostrando su delicadeza para tocarlas. Estaban por todas partes: en las mesas, tocadores, hasta en la cama. Sentía penetrar el olor por mis poros. Pareciese que nadie durmiera allí. Ella solo me miraba.

-¿Quieres dormir?- preguntaste.

– Así estoy bien, gracias- respondí. Se puso seria.

– ¿Quieres jugar?- volvió a preguntar. Me tomo de la mano, me paró frente a la ventana y dijo que cerrara mis ojos.

Abrí mis ojos. Estaba en otro cuarto. Un olor a viejo, se me hacia muy conocido. Sabía que había ahí, pero a la vez no. Ella no estaba. Caminé. Abrí un cofrecito que se encontraba en un tocador. Una medallita en forma de corazón, de oro, encontré. El aspecto era demasiado familiar, de la medallita. Sabía que era mía, pero a la vez no. Abrí el corazón habían dos retratos. Mi mamá y mi papá. Recordé que esa medalla la había perdido. Llore por ella en mi infancia. Aún la seguía extrañando.

Escuche la niña subir los escalones. Coloqué el relicario en mi cuello. Llego al cuarto en el que estaba. Vio mi pecho. Caminó. Me tomó de las manos y me las apretó con mucha fuerza, sentía que me quebraba los dedos. La empujé. Estaba enfurecida la carita inocente. Salí corriendo, antes de llegar a las gradas, tomó la medalla contra mi pecho subió su puño hasta mi garganta y me contramino contra la pared. Hablaba conmigo por sus ojos, diciéndome: - de aquí no te llevas nada-, pero mientras la miraba, me miraba a mí. Era yo. Mi infancia se reflejaba mucho. La soledad y las ansias de jugar. Tener la suavidad y la delicadeza de las rosas, era el amor que apaciguaba mi soledad en aquellos instantes de mi vida. Ella bajó sus manos hasta mis brazos y empezó aruñarme. Era lo más valioso que contenía y no podía quitárselo. Era mío. Sentía el ardor de sus uñas. Cerré los ojos y desperté.

Dejó una marca en mí. Desde esa noche recuerdo lo sucedido. La expresión de su cara. La nostalgia del recuerdo han vivido desde esa noche. Esa noche retorné a mi olvido.