sábado, 6 de agosto de 2011

Liquida y enloquezco

Estoy completamente llena. La madrugada es calurosa. Mi líquido será muy satisfactorio para acompañar. Una mano me abre completamente. !Es hora de disfrutar!

Llevo mucho tiempo que me consumen. Dicen que soy demasiado buena , siempre ando de "parranda". Me desean cada noche. Hago que me disfruten cada vez que me prueban. Siempre me cargan de arriba para abajo hasta que enloquecen, hasta para decir que los duermo. Es fácil. Nunca tengo "Fin"

Aun sigo esperando. Tengo mucho por llenar. Poco a poco que me sorben siento que quemo, ardo lentamente y deliciosa, convino con todo. Soy liquida y parezco agua.

Todos disfrutan de mi. Esta noche han llegado a la mitad. Hasta ahí me tienen.

miércoles, 7 de julio de 2010

Teresa Serena


Sonaba la colección de los Tigres del Norte en la habitación, donde se encontraba Teresa, reposada en la cama. Su mesa de noche tenia dos cuernos de chivo. Junto a un cenicero con colillas de cigarro, una botella de tequila y rollos de billetes de cien dólares. Ella vestía, botas de charro fabricadas con piel de serpiente, una falda gris cinco dedos arriba de la rodilla. Su cabellera rizada. Utiliza un maquillaje sencillo, para no llamar tanto la atención. Dormía en espera del trabajo.

La vibración y sonido de su celular la hacen despertar. En su teléfono móvil aparecían tres llamadas perdidas de Santiago Fisterra. El trabajo llamaba. Agarró una chaqueta de cuero, su cartera, su celular y salió rápidamente de la habitación en la que se encontraba. Abordo un automóvil de dos puertas y salió rumbo al mar, específicamente al puesto, donde se encontraría con Santiago Fisterra. Las dos de la madrugada y el automóvil escondido, parqueado a un lado del muelle. Al horizonte se divisa una lancha de tamaño mediano.El celular vuelve a sonar -¿ no hay gente alrededor? - pregunta la voz ronca de Santiago.
- No, estoy sola - responde con tono sereno Teresa.
- Prepárate- finaliza Santiago.

La lancha llega a su destino. De ella se bajan tres sujetos con armamento de calibre grueso, específicamente metralletas de uso militar. Inspeccionan el lugar y cuando aseguran el área llaman a Santiago para que baje de la lancha. Teresa, baja del automóvil y se dirige hacia la lancha. Sin decir ni una sola palabra le entregan a Teresa tres maletines con cocaína, y Santiago le entrega otro paquete, solo que este más pequeño. Un sobre manila con la paga de esa encomienda - ya sabes lo que tienes que hacer, esta vez sé más cautelosa y no te entretengas con el receptor del cargamento- dice Santiago con un tono de voz amenazante. -yo sé lo que hago- responde Teresa. Santiago se le queda observando con una mirada fría y sería, se da vuelta y regresa a la lancha.

Teresa, sola en el muelle, ve partir la lancha rumbo a otro destino. Ahora ella debe cumplir con su trabajo. Regresa a su automóvil para dirigirse a la habitación donde se encontraba; llega con los paquetes y los deja tirados en el suelo, cuenta el dinero de la paga y junto a los rollos de billetes de cien dólares, guarda el dinero en una cajita de madera.

A la mañana siguiente, se dirige en el automóvil al punto de encuentro para la entrega de la encomienda : siempre sonando los Tigres del Norte, solo que esta vez ella notó algo raro. Los sujetos a quienes les iba a entregar el paquete no habían llegado, nunca tardaban a una entrega. De repente una ráfaga de balazos la toma por sorpresa del lado del conductor, ella incapaz de reaccionar empieza a sentir como esas balas atravesaban el metal del carro y se insertaban en su cuerpo. Lo peor había sucedido. Teresa sufrió el costo de estar involucrada en el narcotráfico. Al final de la ráfaga de balazos y antes que llegara la policía, un tipo se bajo del automóvil que había atacado a Teresa, recogió la carga y dejo una nota sobre el cuerpo inmóvil y bañado en sangre de Teresa : " Si por drogas subes, por droga te caes"




Un recuerdo en la banca


Diadema negra. Cabello rizado color castaño. Usa su vestido blanco. Siempre lleva con ella la medalla de la virgen de cobre. Patronita de cuba, a quien considera como su amor eterno. Tiene un olor dulce, siempre queda penetrado en cada paso en que ella da..Usa sus zapatos adoc ochenteros. Sus paso la hacen como bailar en el tiempo, como que los segundos fueran eternidad , mientras camina hacia la plaza. Camina lentamente retando al tiempo, atraviesa la plaza. Sacando de su bolsillo migajas de pan las tira al aire para alimentar a las aves que se encuentran ahí. Lentamente llega a una banca. Saca una servilleta de la otra bolsa, limpia la banca para no ensuciar su hermoso vestido blanco. Se sienta y levantando la mirada observa el cielo. Un cielo hermoso, con nubes que se desplazan al compás del viento. Cerrando los ojos y tocando su medallita le da gracias a Dios y a su patronita por tenerla con vida a pesar de muchas dificultades que ha pasado. Serena, sigue lanzando las migajas de pan para alimenta a las aves.

Cada minuto pasa como los veranos de cada año. Una madre con sus tres hijos pasan por la plaza. El más pequeño, aproximadamente de unos siete años, la observa detenidamente, a la señora de cabellos rizados color castaño, sentada en la banca. El niño, con su mirada de inocente tiene una interrogante -¿ sonreír o quedarme serio?- La señora le responde con una tierna sonrisa. Una sonrisa de la verdadera historia y un gesto con la mano. El niño es halado por su madre, rápidamente le devuelve la sonrisa, mostrándole el diente que le hace falta, y con su otra manita le devuelve el saludo. Un hola y adiós de dos generaciones muy diferentes.

Sentada en la banca, como esperando a su amor, al que siempre esperaba por las tardes en su juventud en el mismo banco, su mente revive los recuerdos de la vez en que lo conoció. Ella salía de su casa a caminar. Caminaba y caminaba sin rumbo después de tomar el té. Una vez llego a la plaza, felizmente miraba el panorama de las casas hermosas que se encontraban en el alrededor. En eso un caballero de silueta alta, con una chaqueta color verde olivo. Camisa blanca, corbata negra y una boina. Vio como se paraba frente a ella, viendo su rostro precioso y delicado, con un sombrero elegante y un vestido blanco resplandeciente. Recuerda aquella tarde hermosa y delicada de verano como la tarde inolvidable, como la tarde en que encontró a su amor perfecto, un amor que en un viaje de barco solo fue miradas y después en carne propia. Sentía entre sus venas el calor y amor de aquel hombre que la hizo sufrir en el barco. Un barco al que le pertenecía a ella. Un barco donde solo el fuego del amor hizo que viviera este hombre. Ella le enseño la existencia del amor.

A pesar que muchos hombres lo atacaban. Muchos intentos de matar a su amor, fue en vano. Hasta que en ese instante volvieron a presentarse. Él saludo primero, la tomo de sus delicadas manos y dijo - mucho gusto, Fidel Castro- con un apretón, beso sus manos, mientras ella respondía con vos cortada- mucho gusto, Marita Lorenz-.



Mostrar para pagar


Maquillaje gastado. La noche apenas empieza. Dejó pasar dos carros. Sus ojos cubiertos con lentes de contacto. Cubriendo la tristeza de su ser. Sus labios pintados de color más rojo que la misma sangre. Su cabello tinturado de rubio, simulando tapar los cabellos blancos. Su rostro se nota muy cansado. Tenía el escote más abierto, mostrando sus pechos redondeados, bien puestos y resaltados. Su camisa, que ni siquiera llega a la parte del abdomen. Su falda, una cuarta de tela, hace que se muestren sus glúteos. Ya no aguanta más sus tacones .Espera una buena propina. Cada vez que pasa un carro, su coqueteo es atractivo. Abre sus piernas de una manera extravagante para los hombres.

Son casi la una y quince de la madrugada. Un carro la recoge. La llevan sin destino. Al siguiente día, sin saber a dónde amanece toma rumbo hacia su pequeño departamento, sus hijos la esperan, dormidos. Tiene que llegar a prepáralos para la escuela. Ellos esperando recibir una mesada. Cansada, su rostro ya sin maquillaje, muestra sus arrugas. María. 46 años de edad. Madre soltera. Trabaja como sirvienta en uno de los restaurantes del centro, en el día. Le toca andar barriendo, recogiendo los platos, y a veces hasta servir la comida. Su descanso aun no llegas, hasta las cuatro y media de la tarde. La hora de la salida. Al llegar a su casa, Maria, toma su tiempo para relajarse, hablando con sus pequeños antes de tomar una siesta. Duerme.

Ya se va siendo la hora de levantarse. Las siete de la noche. Se levanta a preparar la cena a sus pequeños. Sirve la cena. Deja a los niños cenando mientras ella se ducha. Sale de la regadera. Va directo al comedor a ver si los pequeños han terminado de comer. Los lleva directo a su cuarto para que duerman. Se despide con besos y abrazos. Sus hijos aun no entienden el trabajo de su madre, pero son sabedores del trabajo nocturno que tiene.

Se dirige a su cuarto. Arregla su cabello. Se maquilla. Vuelve a buscar su ropa nocturna: los escotes, la falda, sus tacones. El bolso que nunca falta con los chicles, los condones, por si algún cliente se le olvida. El lápiz labia rojo sangre. Una chaqueta, que la cubre hasta las rodillas para salir del apartamento. Hasta que llega a su trabajo: la esquina, se la quita. Siempre deja pasar los carros que no le ofrecen una buena propina.

En las noches de frió, es donde más clientes tiene. Y si es viernes o sábado aun mejor. La propinas son buenas, pero no es lo suficiente para ella, ya qué toca pagar el alquiler, comprar la comida y otras cosas. A veces es difícil los otros días de la semana, casi no es muy movido. Toma el riego de estar en la esquina, ya qué, siempre anda patrullando la policía, y cuando la ven, tiene que salir corriendo. Los gritos de la sirena hacen temblar las piernas para correr y ponerse a salvo. Además, María, no sabe de tener un control de exámenes de cáncer y del SIDA, pues qué, tiene miedo. Un miedo de salir positiva y pensar lo que pasaría con sus hijos.

Pero así es la vida. Se sufre y se gana. Se lucha y se sale adelante. Así es la vida de María. Todas las noches espera en el parque centenario. La competencia es extremadamente dura. Muchas mujeres de la talla de María, suelen tener la misma historia.

Memoria de una tarde


Chaqueta negra. Ojos hundidos, un par de lentes graduados resguardan sus ojos. La tristeza invade su mente, las rejas el tope de su vida. Un morete en su mejilla izquierda, labios gruesos, una barba creciente, nariz aguileña. Un cuerpo delgado, moreno. Calzado tamaño 8. Estatura de 170 cm. Un tatuaje “MS” escrito en toda la parte del abdomen. Unas vías de tren con rostro en el brazo izquierdo. Una oración escrita en el pecho. Siempre lo acompañaba un rosario.

Lo apodaban: El lobo. Nunca revelaba su identidad. En su mesa de noche hay tres cigarros franceses. En su celda obscura él divaga en su mente el día en que al fin saldrá de libertad. Se fuma un cigarro cada vez que piensa en su familia todas las noches. Hace la misma pregunta: ¿Por qué putas me metí a la mara?

Cigarrillo a la mitad, con el humo disperso en su habitación para calmar los malos olores que vienen desde los baños. Ese maldito olor que no lo deja tranquilo por las noches. Espera sereno la llegada de un nuevo día.


Como cada lunes, se reúne con los otros cabecillas de diferentes clicas que han llegado al penal. Dispuestos a armar otro asesinato, extorsión, secuestro contra alguien de nuestra sociedad. En el fondo de su corazón sabe que no debe hacerlo, pero si se detiene en ese momento pasaría hacer otra estadística más de los 13 asesinatos diarios que suceden en nuestro país.

“Homies” a su servicio le dan el celular, 2 simples llamadas para dar indicaciones precisas sobre a quién asesinarán. –No cometan errores, perros, que sino cuando salga de esta mierda, yo mismo me encargaré de matarlos, pendejos- palabras que salen de sus labios gruesos.

Encerrado en su habitación, dejando que el tiempo pase. Tranquilo, espera la hora del partido. A las 3 de la tarde se abren los portones del patio de recreo. Siete contra siete se reúnen en una cancha improvisada, una pelota y dos metas, que unos homies hicieron en los talleres que se dentro del penal se imparten. Cortinas de humo se levantan por cada barrida que se hace. No hay calidad en el juego, pero para divertirse un rato con los homeboys no hay mejor lugar en el día, que la hora del partido.

Llegando la hora de regresar a las celdas, se viven recuerdos y anécdotas de “homies” que han compartido celda con “El lobo”-puta ese perro se echó a tres cerdos un día que cayeron a la destroyer de soya. Ese perro es de respetos-, refiriéndose al “crazy”, compañero de penal antes que lo trasladarán al penal de máxima seguridad en Zacatecoluca.

viernes, 2 de julio de 2010

Paraíso destruido

Nunca en mi vida había sentido tanto movimiento como aquella mañana. Desperté como de costumbre, en medio de mi pequeña laguna dulce. De repente sentí movimientos muy fuertes, que no eran del viento cuando golpeaba la palmera. Era como "!pum-pum!" cada 3 segundos. Me empezaba a inquietar ese sonido. Tanto movimiento me tenía mareado. Lo único que podía hacer era aferrarme fuertemente a la pared blanca en la que vivo. El agua de mi hogar se agitaba sin cesar.

Asustado, dije: "algo ha sucedido".Ni recuerdo lo que pasó. Después de tanta agitación, perdí la tranquilidad de mis días.

Oigo unos golpes muy fuertes aún, que venia del otro lado de las paredes blancas. Por primera vez comencé a sentir miedo. Miedo de no saber el origen de esos golpes y el porqué de tantos hechos en un solo día. La cabeza me daba vueltas, pero me preocupaba lo que ocurriría en esos momentos. Quedó todo ruido en silencio.

Sentía zangoloteos. En una de las paredes, un objeto desbastaba con cuidado y fuerza. Comencé a ver un luz. Mis ojos se entrecerraban, porque nunca habían visto algo similar. Por primera vez, pude observar con plenitud las dimensiones de la laguna. Me parecía extraordinario. las paredes, blancas, se miraban hermosas. Observé que era perfectamente mi hogar, en el que por tantos días había vivido. De repente, un movimiento brusco hace volcar mi posición en la que estaba parado. Me sujeto rápidamente a una de las paredes. El agua se estaba saliendo por el hoyo donde pasaba esa hermosa luz, trataba de agarrarla con mi mano; mi laguna, mi vida, pero fue inevitable.

Ahora, la que se decía llamar mi casa, solo quedaba sus paredes blancas, húmedas sin el néctar de laguna. El agua se había ido por el agujero. No sabía que iba a pasar con lo que quedaba en mi casa... conmigo. Tenía miedo. Sabía que esto no iba a terminar aún. Se iba poniendo peor. Volvieron a estremecer mi hogar, y ahora entraba un objeto mucho más grande, a lo ancho de mi hogar. Tres golpes fueron suficientes para partir por la mitad.

Las paredes tumbadas eran limpiadas por un objeto de metal, que las hacía que quedaran sin la esencia de lo blanco. Un ser humano sostenía un objeto transparente, en el cual vi que contenía mi lagunita y habían pedazos de las parees de mi casa. Sólo observaba. De repente, ya me encontraba introducido en el bote transparente. Todo lo que estaba a mi alrededor se podía ver. Sentí un ambiente familiar otra vez. Solo que las paredes ya no eran blancas, sino transparentes. Lo veía todo. Una especie de tubo llevaba el líquido directamente hacía el cielo. Lo vi todo, mi hogar iba directo al cielo. Fui quedando solito. Sin el néctar de la laguna. Sin mi casa.

De pronto, el tubo que llevaba el líquido de mi antiguo hogar hacía el cielo fue retirado de la extraña zona transparente en la que me encontraba. Luego, un objeto metálico entró en aquel lugar y fue extrayendo, de a poco, las paredes blancas de lo que algún día fue mi casa. Acabadas las paredes solo quedaba una cosa. Mi cuerpo blanco, mi nostalgia y millones de sueños tirados solo en un día. Lo único que quería era recuperar mi hogar. El cielo era mi destino. No había más.

miércoles, 30 de junio de 2010

La última palabra


De:DiegoZelada (zelada_85@hotmail.com)

Enviado: lunes 23 de abril 11: 42 p.m.

Para:ValentinaRodríguez (princesa_vale@hotmail.com)

Buenos días, buenas tardes o buenas noches. No sé en que momento del día leerás lo que te escribo. Para mí el tiempo ha dejado de existir. Ya no sé si es de día o de noche, temprano o tarde; porque el único momento que tengo son los segundos que cuento al no estar sin ti. Los minutos que pasan y no estás a mi lado. Horas tristes sin besar tus labios, sin susurrarte al oído te amo. Sin caminar por el bosque tomados de la mano.

No sé qué horas son, pero sí sé que quiero estar contigo, quiero muchas cosas de ti, pero no las tengo. Quizás yo tengo la culpa, o quizás tú la tengas, quizás los dos la tenemos. No busco culpables, busco soluciones, busco una esperanza. Una luz. Una señal que me aliente a seguir. Una voz que me diga : ella todavía te ama, lucha por ella. Busco y busco, pero solo encuentro tristezas. Desolación. Un espejo donde veo a alguien llorando, donde veo a un hombre llorando como un niño después que le han quitado un dulce. Veo como se lamenta, como si han quitadoalgo muy importante de su vida. El está vivo, pero por dentro está muriendo… caído en el suelo. No hace nada, más que ver hacia abajo y llorar. Me acerco al espejo y cuando lo veo bien, me doy cuenta de que ese hombre soy yo.

Te necesito como necesito aire para vivir. Te necesito ¡Te necesito! Solo dime que quieres estar a mi lado. Dime que sí y seremos felices. Te haré la niña más feliz por que te entregaré mi vida, te entregaré mis sueños, mi tiempo, mi corazón. Mi alma.

De: Valentina Rodríguez (princesa_vale@hotmail.com)

Enviado: viernes 28 de abril 7: 38 a.m.

Para: Diego Zelada (zelada_85@hotmail.com)

Me pareció romántico lo que me escribiste el otro día. Sé que el tiempo ha jugado con nuestras vidas. Nos unió e hizo que desapareciéramos. La distancia, al mantenernos lejos, disfruta de nosotros. Ya va casi mes y medio desde que no tenemos contacto en absoluto.

Sabes, a veces me acuerdo de todos los momentos que convivimos. Las noches del campamento eran excelentes. Las caminatas por el bosque. Noches de hablar tonterías, pero otras eran diferentes. Ahora vivamos nuestras realidades. El tiempo nos separó. Así es la cruda realidad. Hay que vivir con lo que tenemos. Ya no podemos estar juntos.

De: Diego Zelada (zelada_85@hotmail.com)

Enviado: sábado 29 de abril 12:38 a.m.

Para: Valentina Rodríguez (princesa_vale@hotmail.com)

Hoy usted quiere borrar todo lo que paso entre nosotros. No soporto la soledad. Necesito sus abrazos, sus besos. Necesito todo lo que usted me daba. Esas noches eternas pensando en usted. El recuerdo da vueltas en mi cabeza, me vuelve loco. No soporto este sufrimiento. Cúrame. No me dejes ir. Yo no quiero estar sin ti, estoy desesperado como un niño que llora porque lo han castigado.

Regresa a mí, mi amor. Estoy viviendo una vida que está muerta. Camino sin rumbo, delirando, ya no pienso. Solo actúo. Soy capaz de todo. He perdido la cordura, no sé qué escribir, qué pensar.

¿A dónde quedaron esos miles de te amo? ¿Esos besos que me dabas con tanta pasión, adónde quedaron esas cartas a donde me escribías: eres mi vida, te amo”? ¿A dónde quedo todo?

De: Valentina Rodríguez (princesa_vale@hotmail.com)

Enviado: Viernes el 5 de mayo 7:20 a.m.

Para: Diego Zelada (zelada_85@hotmail.com)

Diego, ¿por qué insistes? Ya no puede haber nada entre nosotros. El tiempo nos dio el tiempo para estar juntos, pero ahora ya vivimos diferentes vidas. Conozco otras personas con las que puedo compartir todos los días. Y contigo qué compartiría, si no te veo, no hablamos. En el campamento sucedió eso, porque ó sea, era el campamento. Ahora solo tenemos que vivir nuestras vidas. Olvídate ya de mí.

De: Diego Zelada (zelada_85@hotmail.com)

Enviado: sábado el 6 de mayo 11: 49 p.m.

Para: Valentina Rodríguez (princesa_vale@hotmail.com

No siento, no como, no vivo. Simplemente estoy sentado recordando y llorando. Miro lágrimas recorriendo mi rostro, las miro y deduzco que lloro. Ya no siento. No distingo la realidad de lo imaginario. Te veo acostada en mi cama y me dices: te amo; y cuando intento tocarte, te desvaneces. Huyes de mí, como víctima, del cazador. Soy yo. El tiempo no nos mató, el tiempo nos hizo nada.

Deduzco que el culpable es Dios. Dios tiene la culpa de cómo estoy. Dios es el que tiene la culpa de mis males. Te dije que quería una solución. La he encontrado. Nopienso, solo actuó. Ya no sé si te amo. No lo sé.

Me traicionaste. Me apuñalaste por la espalda, me has herido; aun así, eres la niña de mis ojos, la única persona en el mundo por la que muriera. Cuando leas esto, ya no estaré aquí. Estaré en un lugar donde pueda estar tranquilo, esperando siempre tu regreso. Al terminar este camino, te esperaré entre la vida y la muerte…

TE AMO.

De: Valentina Rodríguez (princesa_vale@hotmail.com)

Enviado: sábado el 6 de mayo 11: 59 p.m.

Para: Diego Zelada (zelada_85@hotmail.com)

Diego, por favor, no insitas. No cometas ninguna locura o ¿acaso quieres suicidarte?

No cometas errores. Diego, te quiero, pero solo quiero ser tu amiga. Lo que paso ya paso. No hay vuelta a la página, hay que continuar con nuestras vidas. No insitas por favor.

De: Valentina Rodríguez (princesa_vale@hotmai.com)

Enviado: domingo 7 de mayo 8: 37 p.m.

Para: Diego Zelada (zelada_85@hotmail.com

¿Por qué no me has escrito, Diego? Siempre contestas rápido y ahora por qué norespondiste.

Diego, contéstame por favor. Conseguí tu número de teléfono, se lo pide a tu guía de campamento. Te marque a tu casa y nadie contesto. Cuando leas este mensaje, responde por favor.

De: Valentina Rodríguez (princesa_vale@hotmail.com)

Enviado: lunes el 8 de mayo 7: 10 a.m.

Para: Diego Zelada (zelada_85@hotmail.com)

¿Por qué lo hiciste, Diego?. ¿Por qué? Tu amor para mí fue espectacular. Yo te quería. Fuiste el hombre que me enseño amar. En estas circunstancias no quería que sufrieras por mí.

Ahora solo me queda tu recuerdo. Las noches largas del campamento fueron las mejores de mi vida. Perdóname por ser dura contigo. Ya es tarde. Lo sé.

Regresa a la vida. Regresa conmigo. Espero algún día estar juntos.

Te quiero.