
Chaqueta negra. Ojos hundidos, un par de lentes graduados resguardan sus ojos. La tristeza invade su mente, las rejas el tope de su vida. Un morete en su mejilla izquierda, labios gruesos, una barba creciente, nariz aguileña. Un cuerpo delgado, moreno. Calzado tamaño 8. Estatura de
Lo apodaban: El lobo. Nunca revelaba su identidad. En su mesa de noche hay tres cigarros franceses. En su celda obscura él divaga en su mente el día en que al fin saldrá de libertad. Se fuma un cigarro cada vez que piensa en su familia todas las noches. Hace la misma pregunta: ¿Por qué putas me metí a la mara?
Cigarrillo a la mitad, con el humo disperso en su habitación para calmar los malos olores que vienen desde los baños. Ese maldito olor que no lo deja tranquilo por las noches. Espera sereno la llegada de un nuevo día.
“Homies” a su servicio le dan el celular, 2 simples llamadas para dar indicaciones precisas sobre a quién asesinarán. –No cometan errores, perros, que sino cuando salga de esta mierda, yo mismo me encargaré de matarlos, pendejos- palabras que salen de sus labios gruesos.
Encerrado en su habitación, dejando que el tiempo pase. Tranquilo, espera la hora del partido. A las 3 de la tarde se abren los portones del patio de recreo. Siete contra siete se reúnen en una cancha improvisada, una pelota y dos metas, que unos homies hicieron en los talleres que se dentro del penal se imparten. Cortinas de humo se levantan por cada barrida que se hace. No hay calidad en el juego, pero para divertirse un rato con los homeboys no hay mejor lugar en el día, que la hora del partido.
Orale
ResponderEliminarque lindo escribis
tenes buena habilidad
^^ animos doña
Excelente aporte. Buena creatividad.
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