viernes, 2 de julio de 2010

Paraíso destruido

Nunca en mi vida había sentido tanto movimiento como aquella mañana. Desperté como de costumbre, en medio de mi pequeña laguna dulce. De repente sentí movimientos muy fuertes, que no eran del viento cuando golpeaba la palmera. Era como "!pum-pum!" cada 3 segundos. Me empezaba a inquietar ese sonido. Tanto movimiento me tenía mareado. Lo único que podía hacer era aferrarme fuertemente a la pared blanca en la que vivo. El agua de mi hogar se agitaba sin cesar.

Asustado, dije: "algo ha sucedido".Ni recuerdo lo que pasó. Después de tanta agitación, perdí la tranquilidad de mis días.

Oigo unos golpes muy fuertes aún, que venia del otro lado de las paredes blancas. Por primera vez comencé a sentir miedo. Miedo de no saber el origen de esos golpes y el porqué de tantos hechos en un solo día. La cabeza me daba vueltas, pero me preocupaba lo que ocurriría en esos momentos. Quedó todo ruido en silencio.

Sentía zangoloteos. En una de las paredes, un objeto desbastaba con cuidado y fuerza. Comencé a ver un luz. Mis ojos se entrecerraban, porque nunca habían visto algo similar. Por primera vez, pude observar con plenitud las dimensiones de la laguna. Me parecía extraordinario. las paredes, blancas, se miraban hermosas. Observé que era perfectamente mi hogar, en el que por tantos días había vivido. De repente, un movimiento brusco hace volcar mi posición en la que estaba parado. Me sujeto rápidamente a una de las paredes. El agua se estaba saliendo por el hoyo donde pasaba esa hermosa luz, trataba de agarrarla con mi mano; mi laguna, mi vida, pero fue inevitable.

Ahora, la que se decía llamar mi casa, solo quedaba sus paredes blancas, húmedas sin el néctar de laguna. El agua se había ido por el agujero. No sabía que iba a pasar con lo que quedaba en mi casa... conmigo. Tenía miedo. Sabía que esto no iba a terminar aún. Se iba poniendo peor. Volvieron a estremecer mi hogar, y ahora entraba un objeto mucho más grande, a lo ancho de mi hogar. Tres golpes fueron suficientes para partir por la mitad.

Las paredes tumbadas eran limpiadas por un objeto de metal, que las hacía que quedaran sin la esencia de lo blanco. Un ser humano sostenía un objeto transparente, en el cual vi que contenía mi lagunita y habían pedazos de las parees de mi casa. Sólo observaba. De repente, ya me encontraba introducido en el bote transparente. Todo lo que estaba a mi alrededor se podía ver. Sentí un ambiente familiar otra vez. Solo que las paredes ya no eran blancas, sino transparentes. Lo veía todo. Una especie de tubo llevaba el líquido directamente hacía el cielo. Lo vi todo, mi hogar iba directo al cielo. Fui quedando solito. Sin el néctar de la laguna. Sin mi casa.

De pronto, el tubo que llevaba el líquido de mi antiguo hogar hacía el cielo fue retirado de la extraña zona transparente en la que me encontraba. Luego, un objeto metálico entró en aquel lugar y fue extrayendo, de a poco, las paredes blancas de lo que algún día fue mi casa. Acabadas las paredes solo quedaba una cosa. Mi cuerpo blanco, mi nostalgia y millones de sueños tirados solo en un día. Lo único que quería era recuperar mi hogar. El cielo era mi destino. No había más.

2 comentarios:

  1. està super buenisimo tu blog Deysi me parece que le invertiste mucho tiempo. la entrada tambien me gusto cuidate

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  2. Me gusto mucho tu texto. Definitivamente tienes habilidad para escribir.Te felicito.

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