miércoles, 7 de julio de 2010

Teresa Serena


Sonaba la colección de los Tigres del Norte en la habitación, donde se encontraba Teresa, reposada en la cama. Su mesa de noche tenia dos cuernos de chivo. Junto a un cenicero con colillas de cigarro, una botella de tequila y rollos de billetes de cien dólares. Ella vestía, botas de charro fabricadas con piel de serpiente, una falda gris cinco dedos arriba de la rodilla. Su cabellera rizada. Utiliza un maquillaje sencillo, para no llamar tanto la atención. Dormía en espera del trabajo.

La vibración y sonido de su celular la hacen despertar. En su teléfono móvil aparecían tres llamadas perdidas de Santiago Fisterra. El trabajo llamaba. Agarró una chaqueta de cuero, su cartera, su celular y salió rápidamente de la habitación en la que se encontraba. Abordo un automóvil de dos puertas y salió rumbo al mar, específicamente al puesto, donde se encontraría con Santiago Fisterra. Las dos de la madrugada y el automóvil escondido, parqueado a un lado del muelle. Al horizonte se divisa una lancha de tamaño mediano.El celular vuelve a sonar -¿ no hay gente alrededor? - pregunta la voz ronca de Santiago.
- No, estoy sola - responde con tono sereno Teresa.
- Prepárate- finaliza Santiago.

La lancha llega a su destino. De ella se bajan tres sujetos con armamento de calibre grueso, específicamente metralletas de uso militar. Inspeccionan el lugar y cuando aseguran el área llaman a Santiago para que baje de la lancha. Teresa, baja del automóvil y se dirige hacia la lancha. Sin decir ni una sola palabra le entregan a Teresa tres maletines con cocaína, y Santiago le entrega otro paquete, solo que este más pequeño. Un sobre manila con la paga de esa encomienda - ya sabes lo que tienes que hacer, esta vez sé más cautelosa y no te entretengas con el receptor del cargamento- dice Santiago con un tono de voz amenazante. -yo sé lo que hago- responde Teresa. Santiago se le queda observando con una mirada fría y sería, se da vuelta y regresa a la lancha.

Teresa, sola en el muelle, ve partir la lancha rumbo a otro destino. Ahora ella debe cumplir con su trabajo. Regresa a su automóvil para dirigirse a la habitación donde se encontraba; llega con los paquetes y los deja tirados en el suelo, cuenta el dinero de la paga y junto a los rollos de billetes de cien dólares, guarda el dinero en una cajita de madera.

A la mañana siguiente, se dirige en el automóvil al punto de encuentro para la entrega de la encomienda : siempre sonando los Tigres del Norte, solo que esta vez ella notó algo raro. Los sujetos a quienes les iba a entregar el paquete no habían llegado, nunca tardaban a una entrega. De repente una ráfaga de balazos la toma por sorpresa del lado del conductor, ella incapaz de reaccionar empieza a sentir como esas balas atravesaban el metal del carro y se insertaban en su cuerpo. Lo peor había sucedido. Teresa sufrió el costo de estar involucrada en el narcotráfico. Al final de la ráfaga de balazos y antes que llegara la policía, un tipo se bajo del automóvil que había atacado a Teresa, recogió la carga y dejo una nota sobre el cuerpo inmóvil y bañado en sangre de Teresa : " Si por drogas subes, por droga te caes"




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